Si alguna vez me necesitan, si conspiran para juntarse, para formar un grupo compacto que premie a los grandes deportistas de élite de la historia, a los que utilizaron su condición de elegidos para algo más, los que se convirtieron gracias a su humildad y su inteligencia en profesores sociales, en líderes de opinión, en ejemplos para los muchachos y las chavalas de su región, AHÍ ME TENDRÁN, yo seré el primero de la fila, que cuenten conmigo para lo que haga falta, aquí está mi voto.
Nadie aplaudirá más fuerte que yo a Rafa Nadal, un nene que con independencia de su palmarés expansivo y monumental ha dado ya tantas lecciones de humildad, de tesón y de trabajo en la sombra que me ha ganado tres sets a cero el espíritu. No consiento que nadie trate mejor que yo a Earvin Magic Johnson, que convirtió sus pases imposibles en el Forum de Los Angeles e incluso también su vida lasciva después de cada partido en una campaña de prevención y concienciación social frente al Sida. Me apunto a la ovación de los que son señores dentro y fuera del campo, a los que a pesar de conceder entrevistas en chancletas dicen cosas tan asombrosas y tan familiares como Pau Gasol, que ya se ha casado dos veces con el título de la NBA y cada vez es mejor pívot, mejor alero y mejor hijo. Puedo reirle las gracias y darle bola incluso, INCLUSO, a Emilio Butragueño, al Pep claro, al señor Enriq Masip que es amigo de David Barrufet que es amigo a su vez del mítico Tomas Svensson. Y que viva para siempre Epi. O el bueno de Larry Joe Bird. Y que nunca se ponga moreno de fama Andresito Iniesta. O aquel muchacho que miraba atrás, y miraba atrás, y miraba atrás, y después ganaba el oro: Cacho, Fermín. ¿Y qué decir de Marta Domínguez? Casi todo bueno.
Pero que no me metan en ese saco a Zidane. Que Zidane no es ni nunca ha sido Laudrup, que no es un señor, que no es deporte y además mucho más, que no es ni humilde ni modesto ni señor ni nada, que además del regatito ése en círculos que hacía también, además de los goles majestuosos en Europa y las maniobras despacísimas y efectivas en el centro del campo, ADEMÁS, es un hombre que siempre ha tenido mal perder, que siempre ha dado patadas a destiempo como un alopécico malcriado, que siempre ha subrayado ante el mundo que era un jugador inestable, desquiciado, que perdía los papeles con facilidad. Dejen en paz a Materazzi: el error mayúsculo fue de Zidane, que en vez de terminar su carrera con un triple frente a Jordan en un All Star -desde 75 metros aproximadamente- como hizo Magic, puso el broche con una tontería muy estúpida y muy infantil y muy chorra, de niñato, que hubiera firmado el mejor y más inestable Guti. Zidane no es un señor. Zidane no es un embajador de nada. Zidane es un ex jugador de fútbol que jugaba de cine, que transformó el mediocampo para siempre, que dejó postales imborrables. Pero que llevaba un mal deportista dentro. De modo que basta ya. Dejen de engrandecer una leyenda que no existe. Recuerden sus jugadas pero no santifiquen a quien no deben.
Se lo advierto. Si siguen por ese camino tomaré represalias: pondré en la calle una campaña de lavado de imagen de Maradona, un jugador extraterrestre –puede que el más extraterrestre que ha existido junto a Caminero- que al fin y al cabo no es tan mal chico ¿no? ¿O es que no les gusta cómo le cae el traje? ¿O es que finalmente no juegan bien muy bien sus muchachos?
De modo que gracias pero sólo a los que la merecen. Gracias por lo que hicieron en la cancha. Y por la magia que desataron fuera.
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