domingo, 24 de octubre de 2010

Spin Off.

Aquí al lado chispea, de modo que debe de andar diluviando en Seattle, esta ciudad verde oscuro inventada por las series de televisión. Suena arrastrándose la música metálica de octubre, barriendo las aceras. La inspiración viene y se va tan rápido como inspiras y expiras al respirar. Uffffffffff. Offffffffffffff. Sopla clima propicio para escribir, así es que escribe.

El fin de semana fueron cuatro días. Y cambió la tónica. -No hay Gin Tonics ni cocktails, sólo sirven ya cervezas, agua y refrescos. -Tomaré cerveza entonces. –Tenga. De primer plato te ha traído la semana un no saber qué cabe esperar. De postre el trabajo y los compromisos han cambiado tu rutina autosuficiente-autónoma en gente, en conversaciones con personas talla L y M, en charlas, en diálogo, en tertulias de cafetería con café en taza grande, en apretones de brazos y pares de besos, en este cigarrillo mientras te cuento algo, en narrativa de taxi parlanchín. Qué sorpresa. –Que tenga buen servicio. –Que tenga usted un buen día.

Casi todo el mundo está solo. Pero de pronto a casi todos nos pasa que el azar nos coloca en una fiesta. O a algunos como a mí en un festival repleto de gente. Pasa en las series y en el mundo real también. Estaba en Friends, en Mad Men, en CSI y en Tristeza de Amor. Pasa desde siempre en la ficción: los solitarios se encuentran en las fiestas; las salas de baile y los pabellones universitarios se llenan de gente y purpurina; los niños y las chicas pelirrojas terminan bailando; siempre hay adultos que quieren ver Hispania y señoras de Felipe y Letizia que les discuten; se juntan con el tiempo los Primos Lejanos.

A mí me pasó a mí estos días. Estuve en medio de mucha gente. Y M.A.S.H. o menos me fue muy bien.

El reloj del móvil me fue dando las horas y las medias, me colocó como digo en medio de una fiesta y a la vez en los extremos, me dio la oportunidad de pasar por allí mientras pasabas tú, justo antes de que estuviera a punto de empezar la conversación con ese tipo tan interesante, después de cada plato fuerte. Conocí lo que piensan los locos de atar, que resultaron ser gente como tú que trabaja a nuestro lado y viste como nosotros. Aprendí de los que hablaban poco. Vi gentes que se conoce que eran de mi familia. Tendí mi ropa en los puentes que me tendieron. Entregué un poco de biografía a cambio de la vida de los otros. Tejí muchas páginas de diálogo, de diversa consideración. Traté de aprovecharme de las personas que la vida me ponía delante. Me pasé la fiesta intercambiando impresiones de diseño. Lo pasé bien descubriendo que nadie es tan tímido como parece, rascando debajo de la vida pública de los snobs , mirando de cerca las gafas de lejos de los críticos de televisión. Muy interesante.

En la suma total me salieron muchas almas y cientos de miles de cuerpos que pasaban, constantes referencias a series que ya había visto o que siempre había querido ver en televisión. Estuvo bien. Creo que me hizo terapia salir, estar allí, y ver.

¿Moraleja? Tengo que hablar más con la gente, pensar en ampliar mis cuarenta minutos diarios de televisión. Porque es cierto: hay una vida ahí fuera compuesta sólo y sobre todo por personas y series.

Así es que el claim desde ahora es éste: hablar con todas las personas, y ver todas las series, para conocer el mundo.

Es mi objetivo desde ya. Será la trama de mi nueva vida en su primera temporada.

No hay comentarios:

Publicar un comentario