Leo que cincuenta mil personas movieron el cucu, al son de Bisbal y Fangoria, el sábado pasado frente a la Puerta madrileña de Alcalá. Nosequé de la emtiví.
Y mira qué casualidad: el domingo escucho en la radio que cincuenta mil almas esperan desparramadas alrededor de la Sagrada Familia, expectantes ante la inminente salida del Papa Benedicto Sixteen.
En la primera frase "Leo" Messi en Madrid. En la segunda resulta que el azar ha colocado a un gurú merengón en Barcelona. Qué cosas.
Pero sigamos.
El caso es que cuando terminaron los dos eventos de los que hablamos, mi imaginación imaginó que casi todos los que estaban en uno y otro sitio, aquéllos que coreaban vítores y proclamas aun sabiendo que ese día sus pancartas y sus equipos y sus símbolos identitarios estaban algo cambiados y despistados, se marcharon al estadio Santiago Bernabéu, que tiene creo una capacidad de ochenta mil florentinos. Porque allí había fútbol ayer domingo night, no sé si sabéis.
Y érase una vez que todos los cucus de Madrid y todo Dios de Barcelona fueron uno solo (sin tilde) el domingo, uno solo en un sólo estadio (con tilde). O sea ochenta mil personas más ocho* que eran Mourinho, más once o trece más que eran los jugadores del Madrí, y más los dos ojos de Mesut Özil. O sea ochenta mil veintitrés personas, gente de Madrid y del Barcelona, gente que venía del concierto emtiví y de La Rambla, gente heterogénea y ruidosa, frente a sólo (con tilde) los once o doce muchachos honrados del Club Atlético de Madrid.
Un atleti que no pudo con tanta gente.
Porque ochenta mil veintitrés a trece o catorce habría tenido que ser el resultado final en buena lógica.
Y al final arañamos un dos cero jugando bien.
Un éxito. Cifradamente hablando. En palabras, claro, de uno de letras.
*"Más chulo que un ocho"
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