Me he comprado por seis euros en Primark una lámpara que parece un secador de señoras en una peluquería de barrio pero que es en realidad un maquinón electroencefalograma de salón. Así cuando apago la tele y lo enchufo en el on para que me alumbre el libro, cuando me da por ponerme a leer digo, pues a la vez que desprende un chorro de luz tibia me da como por arte de gadget un informe completo con las carpetas y los documentos que tengo en ese momento dentro de la cabeza. Si paso de las cien páginas le da tiempo al chisme para darme iluminación y además un informe completo, que incluye gráficos y titulares con las conclusiones. Mola.
Ayer, anoche, cuando terminé Guerra y paz, me dio el invento éste del que os hablo un informe de treinta y siete páginas. El titular principal no era muy prometedor: “Lleno de ideas menores” decía, “nada de ideas grandes, mayores de edad, elaboradas”.
Puede que tenga razón. O puede que lo barato al final sale caro, que por seis euros es complicado que la tecnología acierte, claro. El caso es que yo vengo notando en las últimas semanas como si ya no me brotaran dentro de mí grandes ideas, que no se me ocurre nada para resolver la crisis financiera internacional vamos, que no me viene nada para que me paguen el doble en el trabajo, para que me cobren la mitad en el taller Toyota, para que Gallardón no me viole salvajemente con el impuesto de basuras. Nada de teoría para poner en marcha, nada de apuntes políticos que poner en pie, nada de nada en fin muy revolucionario que se diga.
Por el contrario en mi azotea sólo encuentro cosas muy pequeñas que me vienen y se deshacen al rato, ideas de perfil bajo que valen sólo como entretenimiento.
Por ejemplo pienso que dos términos claves en mi día a día, ftp y whopper, son habitualmente tratados como entes masculinos cuando son ambas dos palabras muy femeninas, muy falda de lunares Desigual, muy Benalmádena, muy Granada, muy nena.
Pienso mucho en esto, en la ftp y en la whopper, y me pregunto mucho por la educación que han debido de tener o en la vida que deben de llevar las personas que hablan con naturalidad de un ftp, de un whopper. Qué distintos somos. Es para mí éste un tema recurrente, un estribillo mental fácil.
También pienso mucho en si quiero más a mi padre Eric Clapton, a mi madre Mark Knopfler o a mi abuelo Frank Sinatra. Y casi siempre decido que a mi abuelo porque ya no está para defenderse cantando. Descanse en paz.
En otros ratos se me llena la cabeza de palabras preciosas, de lo hermoso que es “dorarse” al sol o “broncearse”, de lo injusta que es la Coppa de Italia de fútbol, que escoge a la Lazio para pasar de ronda y no a su rival a las primeras de cambio, una maravilla estética de club llamado “Unione Calcio Albinoleffe”. Albinoleffe, ángela maría, qué bonito.
No sé, es como si se me hubieran agotado los planes con letras mayúsculas. Pienso en un canal de televisión que se me ha ocurrido pero no sé no sé, disiento de los que discuten entre monarquía y república ahora que Juancar tiene treinta y cinco años de reinado porque para mí el dilema siempre ha estado sólo entre monarca o payaso, entre Burger o McDonalds. Y la elección es bien sencilla. ¿Whopper? ¿Big Mac? Me descojono. La a, claro.
Apago la luz, el secador, el electroencefalograma power machine del salón.
Vaya informe decepcionante que me llevo a la cama.
Hasta mañana.
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