lunes, 27 de diciembre de 2010

Nudo, nudo, planteamiento.

El primer episodio de la cuarta temporada de la que muy probablemente sea la primera serie del mundo, Mad Men, tiene mucha chicha, carne magra, y a la vez un interesante esqueleto.

Hablar de la chicha supondría(me) tratar de explicar al detalle el universo de Don Draper, la maravillosa novela que hay detrás de Roger Sterling, el día a día de cada uno de los personajes que habitan aquel Nueva York perdido. Y eso, aunque soy muy joven y poseo mucho tiempo aún, se presenta demasiado largo para hoy.

Sobre el esqueleto, o sea la narrativa del asunto, si quisiera detenerme ahora. El motivo es que me ha parecido llamativo y molón el modo en el que se encajan las piezas en este primer episodio del que os hablo. La serie, que llevaba unos meses dormida, comienza con un nudo, prosigue con un nudo, se anuda luego y, justo al final, cuando el nudo comienza a desnudarse, hace un lazo que enlaza con un final que no es el final sino todo un comienzo, un planteamiento, el arranque de la temporada, el despegue, la primera página de un libro nuevo.

Nudo, nudo, nudo, nudo, planteamiento.

Brillante manera de contar las cosas. Qué calor da el talento.

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