Nosotros, que por casualidad pasábamos por allí, que hacemos el público en esta función de teatro tan real,estamos quietos sin decir nada, mirando desde unos veinte o treinta metros la escena principal.
No, desde dentro del local no pueden vernos: les ciegan las luces y los reflejos de las enormes cristaleras de la fachada, una fachada y unas cristaleras que son la misma cosa, que hacen chaflán, y que dejan ver todo lo de dentro pero apenas permiten disfrutar una vez dentro lo de afuera, de una manera ilógica, científicamente ilógica, creo yo.
El caso es que ése que vemos desde aquí parece ser Samuel Sapiro, el de Contabilidad, y aquélla con la que habla parece Sela, la estrecha colaboradora de Campos en el emergente departamento de Nuevos Negocios, cada vez más de moda.
No sé ustedes, pero nosotros no sabíamos ni tan siquiera que se conocieran, que tuvieran tanto en común como para tomarse algo –porque es lo que están haciendo- una tarde en un café, este Marlow´s por ejemplo, plantado estratégicamente en todo el centro logístico de la ciudad. Aunque el caso es que pensándolo un poco, si hubiéramos mirado con más atención los pequeños detalles de estos últimos meses, fácilmente nos habríamos dado cuenta de que ambos coincidieron en muchas reuniones, tal vez en muchos de los comités de los jueves, y puede que también en no pocas presentaciones de producto de los de Marketing.
Bueno, en el fondo no sabemos nada. No sabemos dónde viven, ni si tienen o no familia y amigos, ni el tiempo que llevan en Salomon Corporation Internacional, ni qué hacen exactamente dentro y fuera de la empresa. No sabemos que Samuel decidió el pasado martes agarrarse fuerte a las bajas incentivadas y dejar la compañía. No sabemos porque nadie lo sabía que hoy se ha armado de valor para citar a Sela, para decirle que lo deja, para pedirle que le siga, para decirle que no sabe cómo decirle que le gustaría mucho poder conocerla un poco mejor, que de verdad siempre desde que la conoció le pareció muy especial, que tal vez pudieran verse ahora ya sin asuntos de trabajo de por medio, o inventarse otro café de vez en cuando, o incluso una nueva vida, alejada de toda aquella polución, del estrés y las estúpidas rutinas. Quién sabe.
No, no sabíamos nada. Pero desde aquí, camuflados entre los coches, con los colores y las luces y los reflejos y el estruendo y la ciudad y el trasiego de la gente que vuelve a casa cada tarde pasando por delante de nosotros, con la escena de Samuel y Sela al fondo, sí vemos que ella le ha dicho que no.
Un “no” limpio, nítido, detrás del cristal.
No. Lo siento Samuel. Es cierto que ahí dentro, en Salomon, todos tenemos máscara como dices. Pero no puedo, creo que no, Samuel. No me llega en un buen momento esa vida nueva que me propones. Lo siento. Me tengo que ir.
Los capítulos de esta RADIONOVELA pueden escucharse cada semana en el programa de radio El Hombre Que Se Enamoró De La Luna (los martes, desde las 22:30h, en el 102.4 FM de Madrid y www.radioutopia.es) y también, de forma independiente, en la página web del programa: en este enlace.
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