domingo, 23 de enero de 2011

Sábado vaca.

Quisiera disculparme. Hace algunos días les falté al respeto a los herederos de García Lorca. No entendía yo mucho el Poeta en Nueva York de don Federico y se me fue la mano, comparando la cosa con las estrofas de los Cantajuegos. Quiero rectificar. Anoche volví a abrir el libro y al azar encontré esto, que obviamente enseguida me pareció un hallazgo exclusivo y caro, una de las mejores noticias que tuvo para mí el final del sábado. Habiendo sido el sábado como fue (digámoslo todo) un gran sábado:

Se tendió la vaca herida;
Árboles y arroyos trepaban por sus cuernos.
Su hocico sangraba en el cielo.

Su hocico de abejas
bajo el bigote lento de la baba.
Un alarido blanco puso en pie la mañana.

Las vacas muertas y las vivas,
rubor de luz o miel de establo,
balaban con los ojos entornados.

Que se enteren las raíces
y aquel niño que afila su navaja
de que ya se pueden comer la vaca.

Arriba palidecen
luces y yugulares.
Cuatro pezuñas tiemblan en el aire.

Que se entere la luna
y esa noche de rocas amarillas:
que ya se fue la vaca de ceniza.

Que ya se fue balando
por el derribo de los cielos yertos
donde meriendan muerte los borrachos.


Se llama el poema “Vaca”. Creo que el autor trata de explicar en él, con una sensibilidad y una precisión expansivas, que las letras pueden ser nítidas y punzantes fotografías, que soy un cabestro que no entiende nada. Muuu.

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