Cuántas veces ha de sucedernos para que no se nos olvide. Cuántas.
Siempre haciendo planes, pensando en el futuro, anotando estupideces en la agenda sin querer hacernos cargo de los detalles realmente importantes de la vida.
Mirad a Sela. Miradla ahora.
Sí, ya la conocéis. Sela Freyre Stuyk, toda una joven realidad del departamento de Nuevos Negocios de Salomon Corporation. No hace ni una semana que aceptaba el puesto de Washington y, si no recuerdo mal, ni siquiera han pasado tres días desde que decidió alquilar su estudio en la calle Cifuentes para dar el salto. “Sin ataduras”, decía.
Qué lástima. Miradla ahora. Como dormida. Tendida, frágil, formateada en una cama de cuidados intensivos del hospital de la Victoria.
Vaya.
No saben qué tiene. Un fallo multiorgánico repentino dijo Campos. No sé, nadie sabe nada: tampoco si tiene opciones de bajar a planta o no. De momento no dicen nada, imagino que para cubrirse las espaldas. Los médicos, ya se sabe. El problema es que no responde de momento al tratamiento. El principal problema es ese. Se la encontraron las chicas de marketing en el cuarto de baño, como muerta.
Pobre Sela. Ojalá ese terrorífico escáner le descubra pronto lo que tiene. O la biopsia que tiene programada para este martes. Tienen que encontrarle lo que le pasa. Alguna de las máquinas androides que colecciona este prestigioso y carísimo hospital privado debería de poder leer lo que está gritando su cerebro.
No puede moverse, ni abrir los ojos, ni hablar. Pero se está moviendo ahí dentro. Nosotros lo sabemos. No puede descansar porque le falta paz. No por la fiebre. Le molestan su familia y los compañeros de trabajo, que pasan los días haciendo guardia ahí fuera. Es curioso, pero a pesar del dolor agudo que siente en el pecho guarda aún fuerzas para más, para otras sensaciones menos valiosas. Es como si a Sela le fatigara el mundo que le está esperando en la sala de espera.
Ella no tiene voz ni gestos ni montañas en los monitores de la UCI que le sirvan de palabras. No tiene modo de expresión, gramática que explique lo que quiere decir. Está muda. No puede Sela gritar que sólo desea que acuda a verla un tal Samuel, que al menos por lo que nosotros hemos podido averiguar no es más que un casi-completo desconocido, compañero suyo de la oficina.
Samuel. No sabemos por qué.
Los capítulos de esta RADIONOVELA pueden escucharse cada semana en el programa de radio El Hombre Que Se Enamoró De La Luna (los martes, desde las 22:30h, en el 102.4 FM de Madrid y www.radioutopia.es) y también, de forma independiente, en la página web del programa: en este enlace.
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