domingo, 26 de junio de 2011

Inacabado.

Siempre está terminando una tela Antonio López, rematando algún cuadro, cambiando levemente algún matiz del lienzo, llevándose los cuadros a casa y devolviéndolos como si nada al cabo de los días, tratando de acercarse más si cabe a la obra perfectamente concluida. A la suya.

El otro día le leí en una entrevista que sufría este extraordinario Antonio López por sus obras, que las veía todas inacabadas. Decía que si muchos de esos cuadros fueran suyos los retocaría sin lugar a dudas.

¿Si fueran suyos? No son suyos porque ya están vendidos o entregados, ya pertenecen a tal museo o tal colección privada.



Moraleja: qué mierda de planeta tenemos en el que un fajo de billetes puede separar tan fácilmente a un artista de verdad de su obra inacabada. Qué respeto da lo poco importante, la fortuna de la cuenta corriente, y qué poco pesa lo realmente importante, la fortuna intangible que tendríamos si dejáramos a los artistas seguir siéndolo, desarrollándose, terminando o rematando o corrigiendo su obra.

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