sábado, 16 de junio de 2012
Cálculo.
Mi conclusión es que los días tienen entre treinta y dos y treinta y cinco horas. Aunque sé muy bien que el mundo no lo sabe.
En primer lugar, porque hay muy pocos que se mantengan despiertos las treinta y cinco horas del día para verlo y refutarlo.
En segundo, porque es la noche, mientras dormimos, el lugar en el que viven muchas de las horas nuevas y distintas que no conocemos demasiado. Aunque no todas.
Los días vividos proactivamente digamos terminan como sabemos con "zzzz", de modo que habrían de empezar por la letra "a", como en el alfabeto. Las letras son veintisiete mayormente, de manera que perfectamente podríamos fijar una hora del día diurno por cada letra del abecedario. Así, nos saldrían un total de veintisiete horas que vivir bien despiertos. Tanto en días largos e inacabables como en chicos. Siempre de la "a" a la "z". Si a eso le sumamos pues cinco o seis u ocho horas más, o sea lo que duerma descansadamente cada uno, pues nos salen como treinta y cinco. ¿Comprendeis?
Esto lo saben los insomnes, aquéllos que esperan sin poder dormir viendo pasar las horas del reloj. Esto se sabe en los hospitales, que viven noches muy largas, y también en algunas cárceles y comisarías.
Treinta y cinco al menos. O cuarenta. Las veintisiete que vamos por ahí despiertos, al menos cuatro o siete más mientras dormimos... más las horas distintas en las que soñamos algunos, que ésas no tienen nada que ver con todas las anteriores e incluso gastan otro tipo de contador onírico distinto.
Treinta y cinco. O más. Tal cual. Como los ocho días de la semana, do re mi fa sol la si y do, de domingo.
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