Creo haber descubierto un género periodístico. Y claro, también al tipo de periodistas que me lo han puesto de moda. Aún no les he colocado ni nombre ni etiqueta. Pero pronto tendré que hacerlo: cada vez me topo con más cronistas de esta especie. Una especie que es para mí nueva y, desde luego, a mi modo de ver, digna de ser observada.
Son prensa deportiva pero no trabajan en los medios deportivos, ni en los periódicos ni en las radios. No son tampoco estos periodistillas de club y banderín que descaradamente barren para casa. Son exactamente los jefes de la sección de deportes, o si lo prefieren los redactores jefe de deportes, en los periódicos de información general. Los hay mejores y peores obviamente, los hay que escriben bien, muy bien o mediomal, pero en mi opinión todos participan de una liturgia extraña, curiosa.
Se lo resumo: con mayor o menor acierto, lo que creo yo que pretenden hacer estos seres de redacción es convertir sus crónicas y sus titulares –sobre fútbol, preferentemente- en filosofía existencialista, en aportación estética, en brillante tropo. De hecho, vengo yo imaginando al leer sus textos, o al escuchar sus comentarios en las tertulias televisivas y radiofónicas, que se pasan las noches pensando en metáforas, alumbrando felices hallazgos, alimentando originalísimas teorías ya veremos si con muchos o pocos adeptos. Les imagino pensando en esto, en la edad media del Milan de Leonardo por ejemplo, mientras bañan a sus hijos. Les hago imaginando un símil algún domingo, mientras compran pasteles, justo antes de comer en casa de sus suegros. Les veo fumando en medio del atasco, despertando el cuello de sus gabardinas, pensando “lo tengo, eso es, esto es igual que el Brasil de Sócrates”.
Ellos tejen titulares enigmáticos, cifrados porque les dejan sus jefes, y en el texto liberan su prosa, la visión personal que tienen acerca del Barça de Guardiola, su estupenda comparativa entre el Sevilla de Manolo Jiménez y (¡tachán!) el primer Ajax de Johann Cruyff. Para muchos de ellos el equipo de fútbol que está de moda ese día es una orquesta que por supuesto tiene un director de idem en el mediocampo, y el que no funciona es como una tienda repleta de empleados indisciplinados. El Sporting de Gijón es una fábrica, el Atlético unos dados sobre el tapete, el Chelsea un escuadrón de la segunda Guerra Mundial, el doble pivote del Osasuna algo así como la correa del ventilador.
Sus equipos, en las crónicas, se descosen. Y las defensas y los medios volantes abrochan. En su país de nunca jamás los centrales descongestionan, los extremos son avispas, y en realidad casi nadie es lo que parece ser en las imágenes que aparecen en televisión.
La otra noche le escuché a uno de ellos defendiendo un planteamiento bastante insólito. Dijo, casi literalmente, “pareciera que en este último gran clásico entre Fútbol Club Barcelona y Real Madrid es como si Valdés se hubiera disfrazado de Casillas, deteniéndole un balón a Ronaldo, y a la vez Ibrahimovic se hubiera disfrazado del Ronaldo de antaño, aquel gordito que con una ocasión sólo resolvía el partido”. Interesante. ¿O no?
El equipo cae más por el costado derecho. El Liverpool enreda su fútbol si Mascherano se empeña en jugar por el centro. El Borussia durmió el partido. El United de sir Alex Ferguson salió en estampida por lo visto.
Toda esta caligrafía de la escuela de letras les puede parecer demasiado o tal vez pudiera parecerles incluso mejor que el propio partido. La crónica supera a la ficción y la ficción supera a la realidad: la gente de deportes en los periódicos serios anda muy leída.
No se engañen: lo de menos es el resultado tras los noventa minutos; lo que mola es la sinécdoque. Da igual la realidad. La realidad es fea. La realidad es que Quique tuvo gripe A, que el atleti renovó a Cléber Santana, que Kaká es más cristiano que el propio Cristiano, que Ujfalusi no es un sueño carcelario.
El fútbol está bien. Pero escribir del rey fútbol, ponerle palabras, es aún mejor. Es como un género literario, uno nuevo y gigante, que devora nuevos talentos. Así que a pensar. Creen sus propios relatos futbolísticos. Miren qué bonito queda aquí.
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