Igual terminamos discutiendo. O peor, repartiéndonos el turno de palabra sin escucharnos, hablando primero uno y después el otro pero en vano, o sea charlando pero sin hablar ninguno de los dos.
A lo peor no tiene sentido que sigas leyendo esto: al fin y al cabo parece que tú y yo no tendremos nada en común. Eso me dijeron mis fantasmas.
Verás, he escuchado que tu vida es trabajo a tiempo completo, reuniones con la gente de marketing, viajes de empresa, estupideces envueltas para regalo, terminales de nueva generación, pantallas táctiles y peliculitas de Ben Stiller.
Dicen las voces que escucho que le has visto el truco a la vida eterna. Que para ti no hay nada ni antes ni después ni ahora, que es diez minutos más tarde que durante. Que total ya viste Florencia en una película. Que no tienes temas de conversación porque eres así.
Mira, prefiero no seguir. Si no te importa, de verdad, lo dejamos.
He estado estos días haciendo escala en un hospital. Y anoche me dijeron que aquel familiar del que te hablé seguía peleando con la quimio. Así es que mejor lo dejamos, si te parece lo aplazamos a otro día, la semana próxima tomamos algo y trato de entender la vida que llevas, lo que dices que sientes cuando te sientes realizado.
Ahora no, hoy no. No me cuentes ahora tu maldito powerpoint, tus planes para la junta de marzo. Si no es Haití me da igual.
Sí, Haití. O sea la que será gran noticia de la semana hasta que salte la sentencia del Constitucional en torno al Estatut.
¿Qué? ¿Qué me has llamado?
Mira, la vida empieza y termina en la consulta de un médico, en el destino trágico de un diagnóstico, en la salud de los órganos vitales de los órganos vitales de los órganos vitales que tienes alrededor. El sol sale por occidente y se pone en el reflejo de una ecografía. De modo que saca billete y vuela. Observa. La gente no tiene dentro presidentes o directores generales, coordinadores, ministros, delanteros centro, fiscales. La gente no es rango, es parentescos y mucho miedo.
Así es que no me hables de tu iPhone. Me da igual quién sale de la casa de Gran Hermano. No quiero saber quién es el último mercenario que viene a jugar al equipo antiguo que amo.
Visto de quirófano. Me vale el body color cielo que me pusieron en el hospital hace treinta y dos años; el camisón que me cubrirá pasado mañana. El traje y los vaqueros son mentira, a todos nos sientan mal.
Estoy sano para ver a los enfermos. Sé lo que es importante; y cuando lo olvido marcho a Urgencias.
Me da igual la publicidad de Oliart, las canas de Vasile, el insomnio de Brufau.Si no funciona el messenger se te bloquea el alma, se te cae el sistema. ¿No lo ves? Estamos todos señalándote con el dedo. Se te quedan demasiadas cosas fuera del móvil, reconócelo.
Ya ves. Ya ves que no tenemos nada que ver. Así es que ni lo intento.
Yo soy un gigante mórbido nacido en New Jersey, uno de esos que lleva puestas una gorra y una camioneta de reparto, que está convencido de que los himnos existen, que quiere que un imposible sea la BSO de su vida. Yo soy una úlcera sonriente a la que se le acaban cada día las horas del reloj. Un reducto de algo. El último de Filipinas. Un “yo no”. En mi DNI “pone mal humor pasajero, discusiones estúpidas, problemas disueltos en la perspectiva, un nene canijo visto desde lo alto de la Torre Eiffel”. Soy En pie con el puño en alto, Malaspina, Aureliano Buendía, Edmundo Dantés, el que cree que no siempre por sistema da todo igual, uno que ve que cada día suceden milagros y deflaciones, el que va a cambiar el paisaje con un blog.
O sea el que sabía que el gol lo iba a marcar Torres.
Pasan cosas y no las ves. No el cambio climático. Cosas asombrosas de verdad: la antorcha olímpica, la canción perfecta, el mensaje en el contestador.
Y me dijeron que tú no ves nada. Que no hablara contigo. Que no ibas a poder concederme más de diez o quince minutos. Que enseguida te metías en una reunión.
No vayas. Di que te surgió algo en casa, que mañana te la cuente quien sea, que te pasen por mail si eso el borrador de conclusiones, la próxima convocatoria para la próxima reunión.
No vayas. Coge el coche y huye hacia adelante. Saca billete y piensa adónde quieres ir.
¿No puedes? Yo creo que sí.
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