Tiene el pelo raro Herman Van Rompoy, le crece el cabello como una enredadera, como si unas manos le abrazaran por las orejas y no llegaran a tocarse, como si su calva económica europea fuera el obstáculo que separa sus dedos, como si fuera un Francisco Ibáñez despeinado, un loco europeo sentado en el sillón del yayo continente.
La otra mañana, la del lunes, o sea ayer lunes cuando la vida era era glaciar, casi choco con mi coche, en la rampa de la cochera de casa, al salir, casi pierdo el control del motor y de las ruedas y claro de la distancias y también de los nervios. En mi rampa rompoy del garaje.
Me compro la TDT y se muda Iñaki a CNN+. Qué rica competencia política se harán ahora en mi televisor las Intereconomías, la Libertad Digital, los Gabilondos, el refrescante y sonrosado Vicente Vallés del late night informativo digital terrestre. En abril, trabajo de día tertulia de noche, mesa de debate, noticiarios nocturnos, carnaza para los tiburones del Congreso como yo.
El Rey Gaspar les trajo a mis sobrinos dos pares de botas de nieve, que por lo visto son distintas a las botas de agua y a las katiuskas nadiuskas de toda la vida: unas eran talla 26, otras talla 32. Pensando después, cuando los reyes se habían ido, me di cuenta de que me casé con 26 años, de que ahora tengo 32. Puede que mi vida de casado sea lo que sucede entre las botas de uno y otro. Pisadas. O nieve. O blanco. Tal vez por eso me casé en invierno.
El trabajo dignifica. Pero mucho trabajo, frontera con demasiado, no. Me estoy dando cuenta estos días. No puede dignificar si no deja tiempo para escribir.
Un libro: El hombre que se enamoró de la luna. Ciertamente inquietante el primer centenar de páginas. Veremos.
Una anécdota de fútbol argentino, veréis. Un jugador se dio un fuerte golpe en la cabeza en un lace del juego, por unos instantes perdió la noción de la realidad, e inmediatamente fue atendido por el masajista del plantel. Tras la incidencia, el masajista en cuestión le da el parte al míster: “ché, qué golpe, no sabía ni quién era”. Y el míster contesta “Pues regresen y díganle que es Pelé”.
Un enorme secreto para los que quieran resolver los problemas que plantean los textos a veces, casi siempre, es saber unir, tener recursos para enlazar, fórmulas que sean nexos, conjunciones, peros y sin embargos, aunques, por ciertos, precisamentes. Háganme caso niños: si tienen destreza cosiendo textos, sabrán escribir cualquier cosa. Porque es más importante dominar los trasbordos que recitar de memorieta las líneas de metro. Mejor manejar los conectores, el pegamento, antes incluso de saber todas las palabras, de papagallear como los intelectuales obesos con gafas y sudor en la ingle. Antes incluso que saber qué decir hay que saber cómo unirían las dos o tres cositas tontas que tienen que decir. Esto entra en examen.
Los padres son muy pesados. César Antonio Molina propone viajes intelectuales a su hija, que imagino estará repugnada. Lorenzo Silva promueve la tierna literatura de su hija infantil. Quieren los padres que su descendencia haga lo que quieren los padres y no los nenes. Y no puede ser.
Concurso:
El que una todos estos temas en un solo párrafo inmenso, el que tenga las palabras y los juegos de palabras, los clichés, la gracia y la guasa, el bagaje para unir en un solo párrafo gigante -sin puntos y aparte- todos estos temas que acabo de exponer porque me rondan en la cabeza… es un genio. Un genio conector. Lo escribe, me lo manda, y le doy un premio.
Yo perdí:
Yo no sé, me faltan palabras para hacerlo, tablas, libros. Mi caligrafía no va más allá de un tonto juego de palabras: sólo puedo ligar la rampa del garaje de mi casa con Van Rompoy. Si acaso eso sólo. Pero nada más. No sé mezclar más. Perdí por goleada: párrafos nueve, cero yo. Mucho que decir, nada que ver. Mucho lirili, poco lerele. Mucho en la cabeza, nada en el blog bloc bloj que es éste. Y que ya es tan vuestro como mío.
Hoy fracasé como unionista del Ulster, como nexador de poyos, como celestino corbacho oracional. Fracasé como escritor ende fin y ti va. Otra vez. Me voy a la cama. Le doy al play. Que suene la nana del fracaso. Snif. Sting.
No hay comentarios:
Publicar un comentario