sábado, 5 de junio de 2010

Superficies.

El principio de esta historia topa por los cuatro costados con las paredes de un post it canijo, amarillento. Ni al norte ni tampoco al sur, y menos aún en el plano del horizonte que se abre a cada lado, hay espacio para la escapatoria. Lo que quisiera contar, que en realidad no son más que letras impresas, sucede en poco más de tres o cuatro centímetros cuadrados, en la superficie cálida de un post it, o sea nada, una nada que también podría bautizarse libremente como pequeñísimo azulejo de papel rectangular.

Y todo porque despegué un post it, uno, que llevaba dos o tres días adherido a la página treinta y siete del diario ABC. Y todo porque descubrí entonces que en la parte adhesiva se habían impreso, al revés, frases impecablemente escritas en el periódico, correctas claro, pero invertidas. Y todo porque traté de descifrar esa tenue caligrafía, que se miraba en el espejo, borrándose, pero no lo conseguí.

Ésta es la historia: tenía en mis manos un pequeño mural de papel color vainilla, pálido, que guardaba toda una franja de letras escritas al revés, difuminadas en una original inserción artística que era también un enigma tipográfico.

Pensé entonces “qué hermosos son los alfabetos, las caligrafías, los palos y los rebordes de las letras versales, las letras bold saltándose la dieta, las tímidas letras minúsculas así en general, salvo contadas excepciones”. Certifiqué cuánto me gustaban, al derecho como siempre las había visto y también así, de esta manera nueva, reflejadas, pasivas reflejas, en un post it escritas revés al.

Pasé esa tarde y también la noche dándole vueltas al post it, a sus letras reversibles, ordenando en mi cabeza las ideas que despiertan si se detiene uno a pensar en el mundo habitado por letras que nos rodea. A la mañana siguiente fui a trabajar, como si nada.

Corrió el tiempo, me entretuve con gente. Luego, por la tarde, cacé en la televisión -ya en casa- el comienzo del documental aquél sobre el hijo del narco Pablo Escobar. No sé si os suena. El caso es que ver justo el principio de este trabajo me dio qué pensar: por un lado, convine en lo mucho que me gusta la palabra "narco"; por otro, al ver sobreimpresionadas en pantalla las primeras oraciones introductorias del documental, que funcionaban como contexto, concluyó mi cerebro que le gusta leer frases en la televisión, ver literatura que se apoya en soporte audiovisual, impecables títulos de crédito, referencias impresas sobre la tele acerca de la ciudad, el año en el que transcurre la acción, letras dentro de la tele. Toparme con dos o tres oraciones blancas sobre fondo negro, en ese documental sobre el narcotráfico al que me refiero, mejoró mi día, amplió mi percepción del post it, me llevó a imaginar más letras sobre más superficies: en las fachadas de los edificios, en el lomo de los autobuses, grabadas en la panza de los aviones, sobre el neón de las vallas publicitarias de los estadios, iluminadas y grandiosas en los marcadores de la Super Bowl, en los paneles de Times Square, en el pecho y en la espalda de las camisetas que usamos, en la franja de Gaza que rodea la parte norte de nuestra ropa interior, en las correas de los relojes de marca, en la frontera donde hacen abdominales las patillas de las gafas, en las hojas de examen cuando el examen está recién presentado.

Muchas letras en muchas superficies: buena cosa para seguir adelante, para leer y apreciar las cursivas en cualquier parte del mundo y sobre cualquier contenedor, para plantearse -por qué no- retos cosmovanguardistas de museo de arte contemporáneo cool and wag: ¿Y si escribiera algo para la televisión? ¿O sea un relato o un cuento para ser leído en la televisión, con frases sobreimpresionadas que aparezcan y desaparezcan, con el tempo de lectura medido, con fondos de pantalla que cambian levemente de color, con tipografías que se mudan a otras, con o sin música, con pequeños apuntes de piano, con o sin final feliz ¿Y si escribiera un libro a la medida del iPad de Steve Jobs?

Creo que hablaré con un amigo que tengo que es videorealizador.
Le haré un encargo: llévame a la tele este cuento, pon mi escritura en una pantalla de cincuenta y dos pulgadas por favor, o en el monitor de todos los ordenadores del mundo, hazme algo para el iPad ése, o para el móvil más grande y más nítido que exista, ayúdame a escribir un texto nada pixelado, conecta si puedes este cuento que he escrito en muchas videosuperficies.

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