Lyubormisky, Cyrulnik, Sábada, Urra, Punset. Mis impresiones parecen no haberle interesado mucho al equipo organizador de este primer Congreso Mundial de la Felicidad en ciernes, porque no veo mi nombre en la agenda de oradores. No no, no está; ya miré yo antes. Pensé sinceramente que mis reflexiones acerca de la felicidad, en concreto en torno a las equivalencias de la felicidad, se colarían en el programa mucho antes que las vaguedades de esa gran impostora que es la señora Lyubormisky. Y mira. Me quedé fuera.
Fui yo el primero que habló de la equivalencia, de las felicidades equivalentes, de las proporciones de felicidad, del cualitativo y el cuantitativo de la materia felicidad. Recuerdo perfectamente cómo fue todo, cómo me llegó la idea a la cabeza, cómo todos los científicos del simposio Happiness 2.0 quisieron como buitres arrebatármela. Muchos aún recuerdan el corazón de mi discurso:
"Hoy me traspasó una felicidad plena, total. La felicidad propia de haber ganado un premio, el reconocimiento unánime de la crítica y el público. Hoy me pasó lo mismo que le pasaría al vencedor -pongamos- del premio Planeta justo en el momento de saberlo. El mismo pinchazo, idéntica presión en el pecho, un terremoto e xac to. Me pasó igual aunque no gané el Planeta. No por cierto. Me hirvió la sangre lo mismo pero sin tener que subir al escenario, sin mirar deslumbrado a las luces, sin estar obligado a dar las gracias acartonado de vergüenza. El mismo proceso, la misma respuesta pero con estímulo distinto, tal vez menor, pero equivalente en lo que a felicidad se refiere. Porque la felicidad señores es equivalente. Porque, queridos colegas, existen equivalencias en lo que concierne a la felicidad. Éste es el descubrimiento que hoy os traigo. Sí, sí, ya sé. Pero es fácil de entender.
Mirad: anoche descubrí que un desconocido escribía en mi blog, que colocaba buenas críticas en respuesta a uno de mis textos. Para mi asombro, se declaraba públicamente satisfecho con mis letras, conforme. Un desconocido. Un internauta. Un sujeto desconocido sin rostro. Igual que un jurado de un premio. Igual que los términos "crítica" y "público". Un lector. Lejano. Un perfil que decía "me gustó mucho". Un hombre borroso. Escondido. Autónomo. Sin predeterminar. Que me daba un premio. El premio Planeta o algún otro de primera categoría. Un premio muy grande. Una gratificación imprevista tan gigantesca que desparramaba sismos y olas de sal, fiestas huracanadas de nivel seis dentro de mí. Y me provocaba la felicidad plena, el diez sobre diez, un éxito hinchado después de comer más éxito. Un estímulo pequeño, inesperado, pero la misma mágica respuesta que surge dentro de uno cuando le premian mucho y por sorpresa. Felicidad equivalente, entornos proporcionales, una nueva teoría. ¿Comprendéis, queridos colegas?".
Madrid acoge el primer Congreso Mundial de la Felicidad
Madrid, 16 sep (EFE).- Expertos nacionales e internacionales se darán cita los próximos 19 y 20 de octubre en Madrid para participar en el primer Congreso Mundial de la Felicidad, que abordará este estado de ánimo desde varios puntos de vista. El congreso, que organiza el Instituto Coca-Cola de la Felicidad, contará con la participación de destacados escritores y filósofos como Eduardo Punset, Javier Urra, Javier Sádaba y Boris Cyrulnik o la profesora de Psicología de la Universidad de California Sonja Lyubormisky. Adicionalmente, contará con la participación de políticos como Manuel Pimentel y deportistas como Edurne Pasabán. "La adversidad como fuente de fortaleza y felicidad", "Diez cambios que ayudan a sentirse mejor"; "Serenidad ante la adversidad"; "Cómo conseguir la felicidad de los niños" y "Encontrar la felicidad a través del cáncer" son algunos de los temas que tratarán las conferencias. EFE
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