Hay cosas que se parecen mucho en el comienzo y que luego cambian... y cosas que son directamente idénticas y que varían justo un poco sólo al final. Anáforas o paralelismos, vamos.
Dejo a vuestro criterio decidir si estas cosas que me pasan hoy por la cabeza son de una especie, o de la otra, o de las dos.
La rubia Madeleine Hayes, o sea Maddie de Luz de Luna, o sea la Cybill Shepard de la televisión, se iba muy a menudo a pensar, se apartaba del mundo y de David Addison, se marchaba para "poner en orden" su cabeza.
Rocky Balboa, o sea Rocky, o sea el Sylvester Stallone esplendoroso, se marchó a la nieve para olvidarse del planeta, se apartó en el frío para vengar a su amigo Apollo Creed, decidió escaparse para forrarse de pieles, entrenar en condiciones extremas, levantar trineos a pulso. Polly le ayudaba, claro. Por eso al final transformó este exilio polar en venganza y vengó por supuesto la muerte de su amigo Apollo ante el rubio y ruso y chungo Ivan Drago.
Los toreros respiran fuera de la ciudad, se alejan de las copas y de las mujeres lascivas lejos, en el campo, en la finca de algún amigo apoderado, bajo alguna de esas gorrillas de ganadero, en paz con el mundo. Allí dibujan los pases que luego darán la vuelta al ruedo, ensayan brindis al tendido seis, entrenan e imaginan los flashes de las cámaras, el miedo que les dará en unas semanas la Real Maestranza de Sevilla. O Madrid, claro.
Carlito Brigante sólo piensa en escapar, en salirse de las estrecheces del escenario que le ha pintado la notabilísima película de Brian de Palma Atrapado por su pasado. Carlito quiere ir a la playa, abrir un concesionario de coches bien lejos, huir con su chica Gail, sortear las tentaciones que le tienden su escudero Pachanga, su abogado David Kleinfeld, el maldito Benny Blanco.
Irse para volver o para quedarse. Irse como solución a los problemas. Como terapia. Como plan.
Anáfora
o paralelismo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario