El mismo escenario pero distinta iluminación. Idénticos problemas, caras parecidas e incluso gentes iguales. Inseguridades mellizas pero interpretadas de una u otra manera. La clave está en el modo variable de encararlo todo.
Todo es "según". El tiempo presente y también el futuro es "depende". Y puede que el pasado sea lo mismo que escribir con lápiz en el agua la palabra "quizás".
Puede alterarse el punto de vista con el que apreciamos el paisaje de toda nuestra vida. Podemos cambiar la retina con la que lo vemos todo sólo con pensarlo, decidiendo qué perspectiva queremos adoptar sobre el mundo real. Tan sencillo como cuando alteramos el formato de la pantalla en la televisión, cuando activamos o desactivamos con el mando los subtítulos, el zoom. Clic: pinchamos un botón en la cabeza y cambiamos. Listo.
La otra tarde estuve en el cine; fui con el hijo de mi novia. Nos encontramos allí con Un hombre soltero, la primera película del diseñador Tom Ford. Me dejó la cinta el aroma de un perfume caro, pesado o depurado según cada cual, puramente estetizador, estetizante, esteticién. A mí me gusta eso: el barroco rococó, las fotografías retocadas, los pares de banderillas largos y requeteadornados. Un hombre soltero nos brindó a nosotros -el público en general aquella tarde- planos que eran arquitectura, casas modernas y amplias, pasta fresca para ricos gays molones, orden y concierto, paz visual. No defrauda en eso: la película es el cartel de A single man pero en movimiento.
Aquel día vi a Colin Firth y a Julianne Moore haciendo cosas hermosas, posando, yendo y viniendo, moviéndose sobre el cartelón que había visto en las marquesinas de autobús. Lo que esperaba.
Además, la trama de este Ford que no es hijo de John Ford me dio qué pensar. En la enseñanza. En las relaciones entre las personas extrañas. En lo sencillo o lo inamovible que puede resultarnos a cada uno de nosotros cambiar la perspectiva con la que miramos el mundo: o sea las cosas y las prioridades y los libros y la familia que tenemos en esta vida finita. Finita porque se termina; finita porque es estrecha.
Pensad en ello.
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