jueves, 10 de febrero de 2011

Radionovela. Capítulo 4: "Almanaque"

Han pasado exactamente trece días y ya he agotado todos los planes programados. Era un listado infinito de asuntos por hacer, de lugares que visitar, de proyectos. Mi idea era cubrir al menos seis meses de felicidad. Y mira. Trece días. No recuerdo desde hace cuándo llevo planeando ese calendario soñado, planificando mi ansiado tiempo libre, preparándome para hacer todas las cosas que siempre quise hacer pero que nunca terminaron de llegar por culpa del trabajo y de los compromisos.

Ayer estuve toda la mañana sentado en una mesita central de la preciosa biblioteca del Museo de Arte Contemporáneo, un lugar cuya visita me había recomendado yo mismo un millón de veces. Estuve anotando en papeles las cosas que había hecho y que tal vez estuviera bien empezar. Perderme por el centro, visitar la exposición de fotografía de la calle Formentosa, actualizar mi curriculum, redescubrir parques y jardines, volver a Berlín, mandar cartas de presentación a ese grupo de diez contactos clave que ya seleccioné, reordenar la casa, zambullirme en las redes sociales, tal vez cambiar de zona para vivir, de ciudad, comprarme un abrigo nuevo y algo de ropa de sport, cómoda. Llevo trece días de nueva vida y tengo la impresión de que el futuro ya está amortizado. Tengo que pensar de verdad, de modo valiente, a lo bruto, en lo que creo que querría hacer o llegar a ser.

Salgo a correr cada noche. Me viene bien. Y fumo ya sólo cinco o seis cigarros a la semana. Estoy leyendo mucho más que antes, claro, ahora sin tantos madrugones. Llevo ya dos cenas con amigos. Y en una de ellas les cociné yo: risotto, una verdadera revolución. Este sábado voy a una fiesta con algunos conocidos del colegio. De copas de nuevo. A ver.

¿Que qué me pasa, entonces? Es raro. No sé. No sé hacia dónde tirar. No contaba con que mi almanaque de planes para seis meses se quedara seco a las dos semanas.

A lo peor tienen razón las ideas que me acompañan cada noche cuando me visto de atleta y echo a correr. Aunque es duro pensar así, ya lo sé. Pero bueno.

Es una sensación que me da pinchazos. Una que dice que igual no me faltaban tantos días libres cuando trabajaba como yo creía, que igual lo que me faltaba y me sigue faltando es rumbo, decisión.



Esta noche salgo a correr. Sobre las nueve. Pero está dejando de apetecerme: cada día respiro mejor, corro más rápido, y sin embargo eso no basta. Temo que esa maldita idea de la frustración, tan recurrente, tan punzante, me vaya a adelantar cualquiera de estas noches.


Los capítulos de esta RADIONOVELA pueden escucharse cada semana en el programa de radio El Hombre Que Se Enamoró De La Luna (los martes, desde las 22:30h, en el 102.4 FM de Madrid y www.radioutopia.es) y también, de forma independiente, en la página web del programa: en este enlace.

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