jueves, 17 de febrero de 2011

Radionovela. Capítulo 5: "Entrevista".

Un poco antes de que fuera muy temprano, a las cinco y cincuenta de la madrugada exactamente, sonaba cada día el despertador de Charlie. Nuestro hombre se levantaba parsimonioso y, al ritmo de un bostezo largo y opaco, llegaba a tientas al cuarto de baño de la suite. Después, palpaba aquí y allá hasta dar con el interruptor de la luz, zap, y comenzaba la liturgia de todas las mañanas. Dejaba correr el agua hasta conseguir un vaho tibio, se mojaba dos y tres veces la cara, los ojos, y después empapaba bien su brochita minúscula de afeitado para embadurnarse con espuma toda la cara. Una cara agradable, de ratón viejo.

Charlie Bradson es hoy en día el máximo responsable del Hotel Hudson de Nueva York y, si me lo permiten, les diré que no hay que ser muy observador para darse cuenta de que encarna una de esas historias que hemos escuchado tantas veces y que pocas veces creemos: él es uno de esos hombres hecho a sí mismo, un personaje que trabajó de todo antes de ser lo que es hoy, un sujeto que fue vidente quiromántico, botones, vendedor a domicilio, repartidor de pizza, encargado, dependiente y, por dos semanas, maestro impostor de autoescuela. Aunque nada de eso importa ahora demasiado: hoy Charlie es en muchos sentidos el jefe absoluto del hotel. Él manda y los demás obedecen. No por temor, ni por interpuesta jerarquía, sino por un respeto que se ganó a pulso, por pura proximidad con la gente, por lógica. Porque Charles se levanta el primero y se va a dormir cuando ya casi nadie queda en pie, porque es el encargado último y el responsable primero de todo cuanto sucede, porque nunca en estos quince años ha descuidado el nivel de ocupación, las suites más delicadas, el surtido de los menús del restaurante, el precio de la competencia, los pequeños detalles que diferencian un gran hotel de un hotel excelente, el trato cercano y comprensivo con todos los empleados, los guiños diarios a sus clientes. Él ha encontrado el secreto del éxito: este hombre bueno de cincuenta y tantos años ha hallado el modo de convertir en su propia familia a todo este elenco enmarañado de empleados y huéspedes.

Pero volvamos a su habitación. Ahora Charlie disfruta del mejor momento del día. Reflexiona mientras se afeita. Acorrala entre la espuma su diminuto bigote felino al tiempo que ordena las ideas en su cabeza. Y a veces lo hace en voz alta. Mira, ahora se enjuaga y piensa en cómo enfocará la entrevista personal que está escrita en su agenda para dentro de unas tres horas, a las nueve cero cero, y en la que conocerá a la que podría llegar a ser nueva adquisición del hotel. Antes de recibir a la candidata en su despacho repasará el curriculum. Virginia, creo, se llamaba. Echará un vistazo en su historial aunque a estas alturas Charlie sabe de sobra que lo que cuenta de verdad en estas circunstancias es la impresión personal, los asuntos que surgen en cada conversación, algunos detalles pequeños pero reveladores.

Él supervisa personalmente todas las incorporaciones en el Hudson. Y ahí reside sin duda una de las claves para entender la buena química que tiene este inusual director con sus empleados y, claro, también el brillante servicio que presta el hotel a todo aquel que se aloja allí.

Envuelto en una toalla, después de haberse afeitado y justo antes de la ducha, regresa a la habitación y prende el aparato de televisión, para asomarse a las noticias.

No tiene ni idea Charlie de lo que le espera.


Los capítulos de esta RADIONOVELA pueden escucharse cada semana en el programa de radio El Hombre Que Se Enamoró De La Luna (los martes, desde las 22:30h, en el 102.4 FM de Madrid y www.radioutopia.es) y también, de forma independiente, en la página web del programa: en este enlace.

No hay comentarios:

Publicar un comentario