Hoy hace exactamente ciento diez años que falleció Giuseppe Verdi, el de los cines Verdi.
Murió envenenado de ópera y, fue tan rápido su declive, que ni siquiera le operaron.
Qué final tan tecnicolor tuvo: bebió la ponzoña azul, se puso rojo y luego verdi.
jueves, 27 de enero de 2011
Radionovela. Capítulo 2: "Máscara"
Nosotros, que por casualidad pasábamos por allí, que hacemos el público en esta función de teatro tan real,estamos quietos sin decir nada, mirando desde unos veinte o treinta metros la escena principal.
No, desde dentro del local no pueden vernos: les ciegan las luces y los reflejos de las enormes cristaleras de la fachada, una fachada y unas cristaleras que son la misma cosa, que hacen chaflán, y que dejan ver todo lo de dentro pero apenas permiten disfrutar una vez dentro lo de afuera, de una manera ilógica, científicamente ilógica, creo yo.
El caso es que ése que vemos desde aquí parece ser Samuel Sapiro, el de Contabilidad, y aquélla con la que habla parece Sela, la estrecha colaboradora de Campos en el emergente departamento de Nuevos Negocios, cada vez más de moda.
No sé ustedes, pero nosotros no sabíamos ni tan siquiera que se conocieran, que tuvieran tanto en común como para tomarse algo –porque es lo que están haciendo- una tarde en un café, este Marlow´s por ejemplo, plantado estratégicamente en todo el centro logístico de la ciudad. Aunque el caso es que pensándolo un poco, si hubiéramos mirado con más atención los pequeños detalles de estos últimos meses, fácilmente nos habríamos dado cuenta de que ambos coincidieron en muchas reuniones, tal vez en muchos de los comités de los jueves, y puede que también en no pocas presentaciones de producto de los de Marketing.
Bueno, en el fondo no sabemos nada. No sabemos dónde viven, ni si tienen o no familia y amigos, ni el tiempo que llevan en Salomon Corporation Internacional, ni qué hacen exactamente dentro y fuera de la empresa. No sabemos que Samuel decidió el pasado martes agarrarse fuerte a las bajas incentivadas y dejar la compañía. No sabemos porque nadie lo sabía que hoy se ha armado de valor para citar a Sela, para decirle que lo deja, para pedirle que le siga, para decirle que no sabe cómo decirle que le gustaría mucho poder conocerla un poco mejor, que de verdad siempre desde que la conoció le pareció muy especial, que tal vez pudieran verse ahora ya sin asuntos de trabajo de por medio, o inventarse otro café de vez en cuando, o incluso una nueva vida, alejada de toda aquella polución, del estrés y las estúpidas rutinas. Quién sabe.
No, no sabíamos nada. Pero desde aquí, camuflados entre los coches, con los colores y las luces y los reflejos y el estruendo y la ciudad y el trasiego de la gente que vuelve a casa cada tarde pasando por delante de nosotros, con la escena de Samuel y Sela al fondo, sí vemos que ella le ha dicho que no.
Un “no” limpio, nítido, detrás del cristal.
No. Lo siento Samuel. Es cierto que ahí dentro, en Salomon, todos tenemos máscara como dices. Pero no puedo, creo que no, Samuel. No me llega en un buen momento esa vida nueva que me propones. Lo siento. Me tengo que ir.
Los capítulos de esta RADIONOVELA pueden escucharse cada semana en el programa de radio El Hombre Que Se Enamoró De La Luna (los martes, desde las 22:30h, en el 102.4 FM de Madrid y www.radioutopia.es) y también, de forma independiente, en la página web del programa: en este enlace.
No, desde dentro del local no pueden vernos: les ciegan las luces y los reflejos de las enormes cristaleras de la fachada, una fachada y unas cristaleras que son la misma cosa, que hacen chaflán, y que dejan ver todo lo de dentro pero apenas permiten disfrutar una vez dentro lo de afuera, de una manera ilógica, científicamente ilógica, creo yo.
El caso es que ése que vemos desde aquí parece ser Samuel Sapiro, el de Contabilidad, y aquélla con la que habla parece Sela, la estrecha colaboradora de Campos en el emergente departamento de Nuevos Negocios, cada vez más de moda.
No sé ustedes, pero nosotros no sabíamos ni tan siquiera que se conocieran, que tuvieran tanto en común como para tomarse algo –porque es lo que están haciendo- una tarde en un café, este Marlow´s por ejemplo, plantado estratégicamente en todo el centro logístico de la ciudad. Aunque el caso es que pensándolo un poco, si hubiéramos mirado con más atención los pequeños detalles de estos últimos meses, fácilmente nos habríamos dado cuenta de que ambos coincidieron en muchas reuniones, tal vez en muchos de los comités de los jueves, y puede que también en no pocas presentaciones de producto de los de Marketing.
Bueno, en el fondo no sabemos nada. No sabemos dónde viven, ni si tienen o no familia y amigos, ni el tiempo que llevan en Salomon Corporation Internacional, ni qué hacen exactamente dentro y fuera de la empresa. No sabemos que Samuel decidió el pasado martes agarrarse fuerte a las bajas incentivadas y dejar la compañía. No sabemos porque nadie lo sabía que hoy se ha armado de valor para citar a Sela, para decirle que lo deja, para pedirle que le siga, para decirle que no sabe cómo decirle que le gustaría mucho poder conocerla un poco mejor, que de verdad siempre desde que la conoció le pareció muy especial, que tal vez pudieran verse ahora ya sin asuntos de trabajo de por medio, o inventarse otro café de vez en cuando, o incluso una nueva vida, alejada de toda aquella polución, del estrés y las estúpidas rutinas. Quién sabe.
No, no sabíamos nada. Pero desde aquí, camuflados entre los coches, con los colores y las luces y los reflejos y el estruendo y la ciudad y el trasiego de la gente que vuelve a casa cada tarde pasando por delante de nosotros, con la escena de Samuel y Sela al fondo, sí vemos que ella le ha dicho que no.
Un “no” limpio, nítido, detrás del cristal.
No. Lo siento Samuel. Es cierto que ahí dentro, en Salomon, todos tenemos máscara como dices. Pero no puedo, creo que no, Samuel. No me llega en un buen momento esa vida nueva que me propones. Lo siento. Me tengo que ir.
Los capítulos de esta RADIONOVELA pueden escucharse cada semana en el programa de radio El Hombre Que Se Enamoró De La Luna (los martes, desde las 22:30h, en el 102.4 FM de Madrid y www.radioutopia.es) y también, de forma independiente, en la página web del programa: en este enlace.
domingo, 23 de enero de 2011
Sábado vaca.
Quisiera disculparme. Hace algunos días les falté al respeto a los herederos de García Lorca. No entendía yo mucho el Poeta en Nueva York de don Federico y se me fue la mano, comparando la cosa con las estrofas de los Cantajuegos. Quiero rectificar. Anoche volví a abrir el libro y al azar encontré esto, que obviamente enseguida me pareció un hallazgo exclusivo y caro, una de las mejores noticias que tuvo para mí el final del sábado. Habiendo sido el sábado como fue (digámoslo todo) un gran sábado:
Se tendió la vaca herida;
Árboles y arroyos trepaban por sus cuernos.
Su hocico sangraba en el cielo.
Su hocico de abejas
bajo el bigote lento de la baba.
Un alarido blanco puso en pie la mañana.
Las vacas muertas y las vivas,
rubor de luz o miel de establo,
balaban con los ojos entornados.
Que se enteren las raíces
y aquel niño que afila su navaja
de que ya se pueden comer la vaca.
Arriba palidecen
luces y yugulares.
Cuatro pezuñas tiemblan en el aire.
Que se entere la luna
y esa noche de rocas amarillas:
que ya se fue la vaca de ceniza.
Que ya se fue balando
por el derribo de los cielos yertos
donde meriendan muerte los borrachos.
Se llama el poema “Vaca”. Creo que el autor trata de explicar en él, con una sensibilidad y una precisión expansivas, que las letras pueden ser nítidas y punzantes fotografías, que soy un cabestro que no entiende nada. Muuu.
Se tendió la vaca herida;
Árboles y arroyos trepaban por sus cuernos.
Su hocico sangraba en el cielo.
Su hocico de abejas
bajo el bigote lento de la baba.
Un alarido blanco puso en pie la mañana.
Las vacas muertas y las vivas,
rubor de luz o miel de establo,
balaban con los ojos entornados.
Que se enteren las raíces
y aquel niño que afila su navaja
de que ya se pueden comer la vaca.
Arriba palidecen
luces y yugulares.
Cuatro pezuñas tiemblan en el aire.
Que se entere la luna
y esa noche de rocas amarillas:
que ya se fue la vaca de ceniza.
Que ya se fue balando
por el derribo de los cielos yertos
donde meriendan muerte los borrachos.
Se llama el poema “Vaca”. Creo que el autor trata de explicar en él, con una sensibilidad y una precisión expansivas, que las letras pueden ser nítidas y punzantes fotografías, que soy un cabestro que no entiende nada. Muuu.
miércoles, 19 de enero de 2011
Un chiste.
Un presbítero con presbicia llega a un bar y dice: "deme una relación relamida que sea sólida y esté consolidada".
Entonces el camarero le dice muy serio: "catamarán y cataclismo lo mismo, cata este vino catalán, cateto, o te meto".
Entonces el camarero le dice muy serio: "catamarán y cataclismo lo mismo, cata este vino catalán, cateto, o te meto".
martes, 18 de enero de 2011
Radionovela. Capítulo 1: "Transferencia".
La moqueta hace olas. Un efecto óptico convierte su superficie de sombras grisáceas, contrapeadas, en agua de mar sintética, sucia, de secano. El tiempo gira en pirueta, pastoso. Y llueve invierno afuera, sigue lloviendo. Me preguntaba si la casa de uno es donde duermes o donde trabajas durante todo el día, si la nueva chica de Administración tendrá ya novio, qué sé yo, si la mujer del director general será igual de rancia que su marido, aunque tal cosa pudiera parecer imposible así a simple vista.
La oficina no da más de sí; esto se ha terminado. Va a resultar que no hace falta ser valiente para cambiar de vida: la gente "ilustre" a la que nunca he visto, los altos mandos de esta compañia, ya han decidido por mí. Mira este aire: la frustración atmosférica se ha comido crudo incluso el aburrimiento. No ha dejado nada a su paso. Nos estamos ahogando y nadie protesta. Dicen que han visto un virus amarillo por ahí, irrespirable, vagando por las salas de reuniones. Y no sé a qué estamos esperando: hace meses que todos nosotros no somos más que un listado de cadáveres al capricho de recursos humanos, un trámite, los daños colaterales. Dicen los sindicatos que pasamos de ser números a letra pequeña. No hay que ser muy listo para darse cuenta.
Anoche pensé que no voy a hablar con Santos. No le daré esa satisfacción al muy hipócrita. Me iré sin ponerme a su altura. El muy canalla. No me humillará más. Ni hablar. He estado calculando lo que me queda con la indemnización mínima que dicen que dan. Apunté la cifra en un post it. Mira, son diez años de trabajo pasados a euros. Éste es el resultado: ya es curioso que me dé mi edad y algunos ceros.
Daré la noticia hoy mismo. Y no, claro que no, el informe definitivo de seiscientas páginas, tal como lo quiere Santos, no va estar para el jueves. Ni para el jueves ni para la semana próxima me temo. Habría que decírselo a los de Asesoría Jurídica, para que cambien los plazos, aunque no seré yo el que levante la liebre. Sé que es una lástima, pero no podemos hacer milagros: Jiménez está de baja y Elba, Elbita, no puede más la pobre. Demasiado tiene. La única alternativa que nos quedaba era la de siempre: que me quedara yo dos o tres noches, que rematara el asunto el tonto y callado de Samuel, que lo cuadrara todo para salvarle el culo a Santos con los de Dynamics. Y no. Lo lamento: yo desde ahora soy sólo una indemnización y una nueva vida, sobre todo una nueva vida.
Se han terminado los informes. Este número que dicen todos que soy, el empleado doscientos veintiseis, se convirtió en letra pequeña sin rechistar y ahora, ya veis, como por arte de magia, soy un número multiplicado, nuevo. Se acabó. Ingrésenme por favor los treinta y nueve mil euros en la cuenta corriente de la nómina. Cierro el ordenaror. Cierro el cajón de los balances y tiro la llave. Ya no me hace falta el post it, ningún post it. Ojalá siga lloviendo afuera.
Los capítulos de esta RADIONOVELA pueden escucharse cada semana en el programa de radio El Hombre Que Se Enamoró De La Luna (los martes, desde las 22:30h) y también, de forma independiente, en la página web del programa: en este enlace. El Hombre Que Se Enamoró De La Luna (102.4 FM de Madrid y www.radioutopia.es) obtuvo el premio al Mejor Programa de Radio Nacional en los V Premios Musicales Pop-Eye a la Música y Creación Independiente.
La oficina no da más de sí; esto se ha terminado. Va a resultar que no hace falta ser valiente para cambiar de vida: la gente "ilustre" a la que nunca he visto, los altos mandos de esta compañia, ya han decidido por mí. Mira este aire: la frustración atmosférica se ha comido crudo incluso el aburrimiento. No ha dejado nada a su paso. Nos estamos ahogando y nadie protesta. Dicen que han visto un virus amarillo por ahí, irrespirable, vagando por las salas de reuniones. Y no sé a qué estamos esperando: hace meses que todos nosotros no somos más que un listado de cadáveres al capricho de recursos humanos, un trámite, los daños colaterales. Dicen los sindicatos que pasamos de ser números a letra pequeña. No hay que ser muy listo para darse cuenta.
Anoche pensé que no voy a hablar con Santos. No le daré esa satisfacción al muy hipócrita. Me iré sin ponerme a su altura. El muy canalla. No me humillará más. Ni hablar. He estado calculando lo que me queda con la indemnización mínima que dicen que dan. Apunté la cifra en un post it. Mira, son diez años de trabajo pasados a euros. Éste es el resultado: ya es curioso que me dé mi edad y algunos ceros.
Daré la noticia hoy mismo. Y no, claro que no, el informe definitivo de seiscientas páginas, tal como lo quiere Santos, no va estar para el jueves. Ni para el jueves ni para la semana próxima me temo. Habría que decírselo a los de Asesoría Jurídica, para que cambien los plazos, aunque no seré yo el que levante la liebre. Sé que es una lástima, pero no podemos hacer milagros: Jiménez está de baja y Elba, Elbita, no puede más la pobre. Demasiado tiene. La única alternativa que nos quedaba era la de siempre: que me quedara yo dos o tres noches, que rematara el asunto el tonto y callado de Samuel, que lo cuadrara todo para salvarle el culo a Santos con los de Dynamics. Y no. Lo lamento: yo desde ahora soy sólo una indemnización y una nueva vida, sobre todo una nueva vida.
Se han terminado los informes. Este número que dicen todos que soy, el empleado doscientos veintiseis, se convirtió en letra pequeña sin rechistar y ahora, ya veis, como por arte de magia, soy un número multiplicado, nuevo. Se acabó. Ingrésenme por favor los treinta y nueve mil euros en la cuenta corriente de la nómina. Cierro el ordenaror. Cierro el cajón de los balances y tiro la llave. Ya no me hace falta el post it, ningún post it. Ojalá siga lloviendo afuera.
Los capítulos de esta RADIONOVELA pueden escucharse cada semana en el programa de radio El Hombre Que Se Enamoró De La Luna (los martes, desde las 22:30h) y también, de forma independiente, en la página web del programa: en este enlace. El Hombre Que Se Enamoró De La Luna (102.4 FM de Madrid y www.radioutopia.es) obtuvo el premio al Mejor Programa de Radio Nacional en los V Premios Musicales Pop-Eye a la Música y Creación Independiente.
El silogismo de las galletas macarons.
Si yo estoy seguro de que no me gustan las galletas entendidas como un elemento central en el postre o en el mundo del dulce, es decir tanto como para tomarlas y degustarlas de manera independiente sin necesidad de mojar la citada galleta en café con leche o nesquik,
y un día llega inopinadamente hasta mi boca una fina y hortera galletita denominada “macarons” y entro en éxtasis, cambiando cualquier idea razonada y preconcebida que guardaba ingenuamente en mi azotea,
tal vez del mismo modo al confirmar inopinadamente como he confirmado -destruyendo así todas mis místicas ideas preconcebidas al respecto- que existe un ser humano que parece ser literalmente una bendición, un santo, bien podría entenderse que existen los seres bendecidos, los benditos, y que por tanto hay algo o alguien que tiene verdaderamente la capacidad de bendecir, el honor sobrenatural de marcar a algunos elegidos. Quién me lo habría dicho hace algunos años.
O sea:
a)que una galletita macarons me ha desordenado los gustos que tenía ya colocados en el armario.
b)que un conocido mío que trabaja como bendición me ha desordenado la fe.
y un día llega inopinadamente hasta mi boca una fina y hortera galletita denominada “macarons” y entro en éxtasis, cambiando cualquier idea razonada y preconcebida que guardaba ingenuamente en mi azotea,
tal vez del mismo modo al confirmar inopinadamente como he confirmado -destruyendo así todas mis místicas ideas preconcebidas al respecto- que existe un ser humano que parece ser literalmente una bendición, un santo, bien podría entenderse que existen los seres bendecidos, los benditos, y que por tanto hay algo o alguien que tiene verdaderamente la capacidad de bendecir, el honor sobrenatural de marcar a algunos elegidos. Quién me lo habría dicho hace algunos años.
O sea:
a)que una galletita macarons me ha desordenado los gustos que tenía ya colocados en el armario.
b)que un conocido mío que trabaja como bendición me ha desordenado la fe.
(se).
Este mensaje va dirigido a todas aquellas personas que por el motivo que sea están tristes y que, al despertar cada mañana, sólo ven toda la niebla de enero que hay todo el rato por todas partes.
Cada día tienen su afán. Cada día tiene su afán. Cada día tiene su afán.
Que prueben y repitan esta frase tres veces. Que no bostecen. Que no teman.
Que repitan y crean que el día en cuestión podría llegar a merecer la pena. ¿Por qué? Porque quién sabe.
Los creyentes sanarán. Y la niebla retirará (se).
Cada día tienen su afán. Cada día tiene su afán. Cada día tiene su afán.
Que prueben y repitan esta frase tres veces. Que no bostecen. Que no teman.
Que repitan y crean que el día en cuestión podría llegar a merecer la pena. ¿Por qué? Porque quién sabe.
Los creyentes sanarán. Y la niebla retirará (se).
O2.
Siempre he tenido muchísima pasta pero nunca como hasta ahora había tenido un plan tan claro para gastar un buen pellizco de mi fortuna.
Os lo voy a contar.
Estoy preparando para el mes de abril una grandiosa y a la vez informal y distendida cena de gala con amigos y familiares que incluirá también algunos conocidos molones que den aún más caché a la cosa. Empezaremos picando algo sobre las ocho y media, luego habrá cena por supuesto con muchas mesas redondas y pantallas gigantes para que todo el mundo vea los brindis de las mesas más alejadas, y finalmente claro tendremos fiesta de combinados nacionales y de importación con surtido de gominolas y fiambres para reponer. Música de cámara en directo para la cena, música dj pinchada por un dj para después. Sin hora de cierre. En el lugar más maravilloso del planeta, el mejor sitio posible para poder llevar a cabo un plan tan ambicioso y tan estéticamente perfecto.
Os lo voy a contar.
Ya he cerrado todos los trámites. He llamado esta mañana para terminar de atarlo. Agarraos. He conseguido cerrar para una cenafiesta privada prevista para la nochemadrugada del miércoles 20 de abril el INCOMPARABLE Pabellón Deportivo O2 de Londres. Qué hermosura, qué joya, qué privilegio poder organizar allí una noche inolvidable.
Tendré el control de los centenares de millones de luces que viven en ese lugar tan british. Manejaré el audio más poderoso del planeta.
Nunca pensé que sucedería esto cuando vi allí partidos de tenis, cuando me quedaba embobado degustando los efectos de luz y sonido alrededor de cada partido. Recuerdo que atendía más a esa impecable puesta en escena del O2 que al propio tie break.
Miradme bien: hoy tengo tanta pasta y tanto gusto que puedo cerrar ese fucking garito para mí, para mis amigos y mi gente.
Estáis invitados.
Imprimiendo esta entrada de blog tenéis pase gratis, cena y tres copas.
Os lo voy a contar.
Estoy preparando para el mes de abril una grandiosa y a la vez informal y distendida cena de gala con amigos y familiares que incluirá también algunos conocidos molones que den aún más caché a la cosa. Empezaremos picando algo sobre las ocho y media, luego habrá cena por supuesto con muchas mesas redondas y pantallas gigantes para que todo el mundo vea los brindis de las mesas más alejadas, y finalmente claro tendremos fiesta de combinados nacionales y de importación con surtido de gominolas y fiambres para reponer. Música de cámara en directo para la cena, música dj pinchada por un dj para después. Sin hora de cierre. En el lugar más maravilloso del planeta, el mejor sitio posible para poder llevar a cabo un plan tan ambicioso y tan estéticamente perfecto.
Os lo voy a contar.
Ya he cerrado todos los trámites. He llamado esta mañana para terminar de atarlo. Agarraos. He conseguido cerrar para una cenafiesta privada prevista para la nochemadrugada del miércoles 20 de abril el INCOMPARABLE Pabellón Deportivo O2 de Londres. Qué hermosura, qué joya, qué privilegio poder organizar allí una noche inolvidable.
Tendré el control de los centenares de millones de luces que viven en ese lugar tan british. Manejaré el audio más poderoso del planeta.
Nunca pensé que sucedería esto cuando vi allí partidos de tenis, cuando me quedaba embobado degustando los efectos de luz y sonido alrededor de cada partido. Recuerdo que atendía más a esa impecable puesta en escena del O2 que al propio tie break.
Miradme bien: hoy tengo tanta pasta y tanto gusto que puedo cerrar ese fucking garito para mí, para mis amigos y mi gente.
Estáis invitados.
Imprimiendo esta entrada de blog tenéis pase gratis, cena y tres copas.
Un pastor pide teta.
1.- Un pastor pide teta por la nieve que ondula
blancos perros tendidos entre linternas sordas.
El Cristito de barro se ha partido los dedos
en los tilos eternos de la madera rota.
2.- Para dormir a un elefante
se necesita un chupete gigante,
un sonajero de coco
y saber cantar un poco.
Ando ya por la mitad del Poeta en Nueva York de García Lorca(1) y, he aquí el sacrilegio, la cosa no me dice nada más allá de un "pon aquí una palabra un poco más sorprente que la anterior, que seguro que no se la esperan".
Qué merluzo debo de ser para que la letra 2 que os puse arriba me diga más cosas, me ofrezca ciertamente más asuntos en los que pensar, más literatura.
El punto 1 es un fragmento minúsculo del poema "Nacimiento de Cristo" que lleva la firma del citado y llorado Lorca. El punto 2 es un temazo de los Cantajuegos, que me lo ha pasado mi colega Darío.
No me noto fiebre. Puede que la adolescencia me confunda. O puede que la literatura sea tontamente democrática.
blancos perros tendidos entre linternas sordas.
El Cristito de barro se ha partido los dedos
en los tilos eternos de la madera rota.
2.- Para dormir a un elefante
se necesita un chupete gigante,
un sonajero de coco
y saber cantar un poco.
Ando ya por la mitad del Poeta en Nueva York de García Lorca(1) y, he aquí el sacrilegio, la cosa no me dice nada más allá de un "pon aquí una palabra un poco más sorprente que la anterior, que seguro que no se la esperan".
Qué merluzo debo de ser para que la letra 2 que os puse arriba me diga más cosas, me ofrezca ciertamente más asuntos en los que pensar, más literatura.
El punto 1 es un fragmento minúsculo del poema "Nacimiento de Cristo" que lleva la firma del citado y llorado Lorca. El punto 2 es un temazo de los Cantajuegos, que me lo ha pasado mi colega Darío.
No me noto fiebre. Puede que la adolescencia me confunda. O puede que la literatura sea tontamente democrática.
domingo, 9 de enero de 2011
Filosofía Cato.
Al lado de Clouseau siempre estaba Cato, un fiel mayordomo karateca y sorpresivo que siguiendo las órdenes de su jefe atacaba al propio inspector cuando menos lo esperaba, a traición, por la espalda, salvajemente. De este modo, el Inspector Clouseau (un inolvidable Peter Sellers al que dios ya tiene en su gloria) mantenía el buen tono físico, el nivel de alarma, el estado de alerta, la óptima forma física para la lucha extrema. Cato le mantenía a raya. Para que no bajara la guardia. Nunca.
A lo peor Cato son hoy los tanatorios. O las crudas noticias del telediario. Las tragedias infantiles, las penurias de la gente que lo pasa mal y que nos molesta a la salida del restaurante. A lo peor tenemos un mayordomo molesto que nos ataca de vez en cuando y nos mantiene alerta, atléticos, impidiendo que seamos felices del todo.
“Mi amigo de piel amarilla" le llamaba Clouseau a su criado chino.
Llámele usted al suyo como quiera.
A lo peor Cato son hoy los tanatorios. O las crudas noticias del telediario. Las tragedias infantiles, las penurias de la gente que lo pasa mal y que nos molesta a la salida del restaurante. A lo peor tenemos un mayordomo molesto que nos ataca de vez en cuando y nos mantiene alerta, atléticos, impidiendo que seamos felices del todo.
“Mi amigo de piel amarilla" le llamaba Clouseau a su criado chino.
Llámele usted al suyo como quiera.
lunes, 3 de enero de 2011
Un grupo de hombres salvajes.
A lo peor a muchos de vosotros os suena mejor "un grupo de hombres salvajes golpearon a un perro" que "un grupo de hombres salvajes golpeó a un perro". Y puedo entenderlo: no en vano es obvio que un verbo como éste así en plural ("golpearon") se acerca más al barullo, a la acción múltiple de los implicados y a los propios golpes que un verbo en singular ("golpeó") que parece poca cosa, menos acción, un asunto menor, como de menos moratones. Sin embargo, los académicos de la RAE me han dicho que como se trata de un grupo de agresores, pues que pesa más el grupo que los agresores y que las propias agresiones, y que por tanto la solución es más singular que plural. Que no ponga “golpearon” aunque participaran todos activamente, vamos, que eso da igual.
Yo creo que deberían pensar en estas cosas más los académicos y menos en la ye, i griega, yeyé. Porque el debate éste del “grupo” está en la calle, y el de la caye con ye no. Así es Soledad Puértolas, lla sabe.
Asimismo quisiera aprovechar esta tribuna que me brinda este bloj para lanzar una queja contra Carrefour. Ya está bien de predicar con el medio ambiente, de freirnos a bolsitas transparentísimas de un céntimo de euro que no pedimos pero que necesitamos, de colarnos bolsones verdes con asas para llevar las naranjas, de blablablá con la lucha del planeta, para que luego uno o un grupo de hombres salvajes vaya al mencionado Carrefour, compre unos contramuslos de pollo y unos plátanos por ejemplo, y a la hora de pagar en caja le regalen siete u ocho kilos de papel en versión ticket kilométrico –por valor de dos árboles muertos- que incluye factura + descuento + promoción + publicidad + leches de puntos. No puede ser: tanta ecología y, a la vez, con cada compra -aunque sea mínima minúscula-, te obsequian con una borrachera de celulosa desproporcionada, muchísima más grande que tu compra y tus bolsas, con un pedazo de papelazo, con el material en bruto y el suelo firme para escribirte un librito de relatos si llevas lápiz y trama encima. Puro desperdicio antisistema.
Por lo demás, quisiera ahora completar este dibujo a lápiz trazado con líneas inconexas con una línea más: hoy mismo he elevado a Ratatouille al trono de las películas favoritas. Tal vez empatada con El Padrino II. Tal vez sea demasiado empatar.
Yo creo que deberían pensar en estas cosas más los académicos y menos en la ye, i griega, yeyé. Porque el debate éste del “grupo” está en la calle, y el de la caye con ye no. Así es Soledad Puértolas, lla sabe.
Asimismo quisiera aprovechar esta tribuna que me brinda este bloj para lanzar una queja contra Carrefour. Ya está bien de predicar con el medio ambiente, de freirnos a bolsitas transparentísimas de un céntimo de euro que no pedimos pero que necesitamos, de colarnos bolsones verdes con asas para llevar las naranjas, de blablablá con la lucha del planeta, para que luego uno o un grupo de hombres salvajes vaya al mencionado Carrefour, compre unos contramuslos de pollo y unos plátanos por ejemplo, y a la hora de pagar en caja le regalen siete u ocho kilos de papel en versión ticket kilométrico –por valor de dos árboles muertos- que incluye factura + descuento + promoción + publicidad + leches de puntos. No puede ser: tanta ecología y, a la vez, con cada compra -aunque sea mínima minúscula-, te obsequian con una borrachera de celulosa desproporcionada, muchísima más grande que tu compra y tus bolsas, con un pedazo de papelazo, con el material en bruto y el suelo firme para escribirte un librito de relatos si llevas lápiz y trama encima. Puro desperdicio antisistema.
Por lo demás, quisiera ahora completar este dibujo a lápiz trazado con líneas inconexas con una línea más: hoy mismo he elevado a Ratatouille al trono de las películas favoritas. Tal vez empatada con El Padrino II. Tal vez sea demasiado empatar.
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